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Las Grutas Mogao: Tesoro del
arte búdico
En la inmensidad
del Gobi, se pierde un pequeño oasis alimentado por los deshielos
de la cordillera Qilian, es Dunhuang, ciudad llena de vitalidad
y dinámismo.
Al sureste,
al pie de la montaña Mingsha, se ve un largo y sinuoso viaducto
que enlaza centenares de grutas. Se admiran en ellas frescos y estatuas
budistas. Majestuosas imágenes de Buda, volantes apsaras–
forman un ambiente realmente imponente, digno de veneración.
Aquí
se halla el mayor tesoro del arte búdico del mundo: las Grutas
Mogao.
Datan del
año 366. Según se registra, un célebre bonzo llamado
Yuezun llegó un día a la montaña Mingsha, en su peregrinación
hacia el Oeste. De repente, aparecieron ante su vista millares de
imágenes de Buda, que resplandecían sobremanera, lo cual le
ilustró sobre lo que debía hacer.Excavó entonces una gruta,
la primera en el lugar. La construcción de éstas prosiguió
a lo largo de los 1500 años que cubren las diez dinastías
ulteriores: desde los Dieciséis Reinos hasta la Yuan. A pesar
de la invasión de las arenas, se conservan todavía 750 con
3 000 estatuas pintadas y 45 000 metros cuadrados de frescos, cinco
entradas con aleros de estructura de madera, concluídas bajo
los Tang y Song, y la Cueva de los Cánones Búdicos. Contiene
ésta cerca de 50 000 manuscritos y obras artísticas, que
incluyen 1 000 pinturas de seda, grabados, bordados caligrafías,
etc.
Estas grutas,
consideradas un milagro, ¿por qué han aparecido en medio
de tan vasto desierto?
En el siglo
II a.n.e. el emperador Wu Di de la dinastía Han mandó a Zhang
Qian en misión a las Regiones Occidentales. Quedó así abierta
la “Ruta de la Seda" que conducía al Asia central y occidental.
Por ella, se efectuaron, a través de los siglos, intercambios
culturales y visitas amistosas entre China y Occidente.
Dunhuang,
uno de los pasos inevitables, era antaño una metrópoli de
mucho trajín, con numerosos comercios, templos y monasterios.
Imtroducido a China el budismo, que se divulgaba mediante la utilización
de imágenes artísticas, se fusionó con la cultura tradicional.
Quedaron por ello gran cantidad de reliquias a lo largo de la ruta,
entre las cuales destacan las grutas de Dunhuang que tienen como
núcleo las Mogao. Son éstas las de más larga existencia
y más rico contenido.
Las estatuas
pintadas representan, en su mayoría, imágenes de personajes
búdicos y sus ejercicios en la práctica de la perfección.
Están hechas de arcilla. Quedan muy pocas realizadas antse de
la dinastía Tang y son, lógicamente, las más valiosas.
Los murales
son de rico y variado contenido: personificaciones de Buda, ilustraciones
inspiradas en relatos religiosos, la evolución del budismo, leyendas,
mitologías, tradiciones y retratos de donantes. Reflejan vívidamente
la vida y las actividades sociales de las diversas etnias y estratos
sociales: viajes de soberanos, labranza, escenas de caza y pesca;
ceremonias nupciales y funerarias, contactos comerciales y mensajeros
foráneos; cantos y danzas.
Se los
describe como una “biblioteca mural" que permite a los estudiosos
una clarificación de los contactos culturales y económicos
entre la China noroccidental y los diversos países del Asia central
y meridional.
Se aprecian
allí artes de diferentes épocas. El de la dinastía
Tang revive el período más brillante del budismo en el país,
en que el arte foráneo se fusionó admirablemente con el chino.
Entre las reliquias heredadas de los Tang, la más grande estatua
de Buda alcanza a varias decenas de metros de altura; la menor tiene
sólo unos 10 centímetros. Las ilustraciones son de grandes
dimensiones: los retratos tienen suma expresividad. Las apsaras
son bellas bodhisattvas con mucha gracia ejecutan música, vuelan
o danzan y exhalan su fragancia. :as de la dinastía Tang, que
no se parecen a los ángeles creados por Dios para su ministerio,
ni a las hadas de la antigua India que se desplazan sobre nubes,
son, bajo el pincel de los artistas chinos, beldades que vuelan
leves, con sus cintas de seda.
En la antigüedad,
las Grutas Mogao estaban rodeadas de misterio; las gentes depositaban
en ellas su noble espíritu. Los peregrinos no cejaron de concurrir
allí hasta la dinastía Yuan. A partir de la dinastías Ming
y Qing, las gurtas fueron echadas en olvido. Mas, en 1900, el taoísta
Wang Yuanlu, que guardaba las grutas Mogao, descubrió, cuando
realizaba la limpieza la caverna de los Cánones Búdicos. La
noticia de tan importante hallazgo arqueológico del siglo XX,
se propagó rápidamente, de modo que los “exploradores"
que actuaban en Asia central se abalanzaron sobre Dunhuang y se
llevaron millares de estatuas, de murales, de documentos, a Tokio,
a Londres, a París, a Moscú...
Las maravillas
y atractivos de Dunhuang y la Ruta de la Seda se convirtieron en
una nueva disciplina científica: la Dunhuanglogía.
En los
años 40, China estableció entidades especializadas en la
investigación y protección de las Grutas Mogao; en los 60,
se logró su recuperación y fortalecimiento. Desde la década
del 80, se encuentran bajo protección científica.
El entusiasmo
por la Dunhuanglogía es, en el mundo de estos últimos años,
cada vez mayor.
Las Grutas
Mogao mantienen una sempiterna seducción.
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