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La montaña Emei y el Gran
Buda de Leshan
Hace más de 1 600 años,
un bonzo de la India, escaló la más alta cumbre de la montaña
Emei. Sorprendido ante la belleza e imponencia de sus paisajes,
dijo que esta montaña era “la primera de China".
Lo es, en verdad. Se eleva,
como un immensa pantalla verde esmeralda, al sudoeste de la llanura
de Chengdu. Su contorno, que se dibuja en el horizonte, evoca el
rostro y las finas cejas de una doncella. De ahí le viene el nombre
de Emei. Comprende cuatro cimas contiguas: Da’e, Er’e, San’e
y Si’e, y unidas a la montaña Qionglai, una de las cadenas
del Kunlun, se extiende sobre 200 km. La montaña Da’e, que
comprende en sí misma muchos picos exóticos y sitios magníficos,
es la más visitada.
El punto culminante –el pico
Wanfo-, que domina a 3 099 m de altitud, es mucho más elevado
que las cinco célebres montañas sagradas de China (Taishan,
en Shandong; Hengshan, en Hunan; Huashan, en Shaanxi; Hengshan,
en Henan) La montaña Emei agwpa numerosas crestas escarpadas,
abruptos acantilados, desfiladeros profundos, hermosas cascadas
e impetuosos torrentes. Dotada de clima cálido y húmedo, está
constantemente velada por brumas y las precipitaciones son muy abundantes,
En primavera y verano se ve por todas partes una lujuriante vegetación
y laderas llenas de flores que se abren.
Letrados de diferentes épocas
dejaron buen número de poemas e inscripciones, que tienen por
tema los bellos paisajes de esta montaña. Un poeta de la dinastía
Ming (1368-1644) escribió: “La montaña Emei se eleva sobre
un inmenso mar de nubes; los pájaros vuelan entre las crestas,
haciendo mil virajes y las cimas perforan las nubes evocando receptáculos
de verdes lotos". Sintetizó así las características de
su majestuosidad, su belleza y su quietud.
El halo por encima de la “Cumbre
Dorada" es una de las diez maravillas de la montaña Emei.
Los budistas estimaban que estos resplandores emanaban de la frente
de Buda. En realidad, se trata de la refracción de la luz solar.
Algunas veces los transeúntes ven, al desplazarse por allí,
sus propias siluetas en el anillo luminoso de diversos colores.
Este raro fenómeno natural
atrae la curiosidad de numerosas gentes. En el pasado este fenómeno
meteorológico estaba rodeado de misterio. Por ello, subir a la
Cima Dorada y visitar la montaña Emei y ver el halo budista,
era considerado motivo de suprema felicidad.
La montaña Emei con la
Wutai, en Shanxi; las Putuo, en Zhejiang, y Jiugua, en Anhui, son
las cuatro célebres montañas budistas de China. Según
una leyenda, son los lugares donde cuatro bodhisattvas predicaron
su doctrina.
En cuanto a la montaña
Emei, era la esfera de actividad de Samantabhadra. Al comienzo,
coexistían allí el budismo y el taoísmo. Ya en los primeros
años de los Han del Este (25-220), los monjes se instalaron
en una casa abandonada por un recolector de hierbas medicinales.
Bajo las dinastías Jin, Tang, Song, Ming y Qing, se edificaron
sucesivamente más de 200 templos o monasterios sobre una área
montañosa de 50 km. Los habitaban millares de monjes. Con la
declinación del taoísmo, la montaña Emei devino centro
exclusivo del budismo.
Actualmente, no queda sino
una decena de templos, protegidos como monumentos históricos por
el Estado, tales como los templos Baoguo, Wannian y Xianfeng, Ademas
el Estanque Xixiang y la Cumbre Dorada, etc. Donde los bonzos practican
apaciblemente su religión.
La montaña Emei encierra
flora y fauna muy variadas y ricas. Más de 5 000 especies de plantas.
Sólo la azalea comprende 29 variedades, sin hablar de árboles
y arbustos raros como la davidia. En esta montaña viven unas
2 300 especies de animales, tales como: el pequeño panda, el
takin y el faisán plateado. Monitos juguetones retozan en el camino,
se acercan a turistas y transeúntes y hasta reciben el alimento
que éstos les extienden.
Tras su investigación en
1981 sobre la montaña Emei, una delegación del Instituto
Internacional de Arboricultura de Gran Bretaña integrada por
expertos de diez países: Alemania, Estados Unidos, Francia, Japón
etc. Consideraron unánimemente que esta montaña constituye
uno de los más bellos parques nacionales del mundo, un jardín
botánico natural raro y el paraíso de los amantes del reino
vegetal.
El Gran Buda de Leshan se encuentra
en el punto de confluencia de los ríos Minjiang, Dadu y Qingyi,
al este de la montaña Emei. Desde las dinastías Tang y Song,
la colina Lingyun donde se halla esta gigantesca estatua de Buda
es muy frecuentada por peregrinos y visitantes. Se dice que, en
otros tiempos, las inundaciones eran frecuentes en este lugar y
las crecidas amenazaban a los barcos que navegaban estos ríos.
Desde una de las riberas, Hai Tong, bonzo del Templo Lingyun, recurría
a las fuerzas divinas para domar la tormenta. En el año 713,
bajo los Tang, se empezó a tallar el Gran Buda en el rocoso acantilado
de la colina Lingyun. Los trabajos concluirían 90 años más
tarde. Para preservar a Buda de la erosión por las aguas, y protegerlo
contra la intemperie, se construyó todo un sistema de drenaje
y un pabellón de 13 pisos en madera.
Esta estatua representa al
Buda Maitreya, sentado contra el acantilado, y fija la mirada sobre
los tres ríos. Mide 71 m de alto, su cabeza es de 14,7 m de altura
y de 10 m de diámetro. Sus pies, de 11 m de longitud y 5,5 m de
ancho, permiten que muchas personas puedan sentarse allí.
Con el tiempo, el pabellón
fue gravemente dañado y acabó por desaparecer compleamente,
Expuesto a los vientos y a las lluvias desde ls dinastís de los
Ming y Qing, esta estatua quedó llena de fisuras y huecos. Gracias
a una restauración total en 1962, financiada por el Gobierno,
este Gran Buda ha recuperado su estado original.
Desde entonces, es objeto de
especial protección por parte del Estado. Actualmente, con ayuda
de la Comisión de Patrimonios Mundiales de la UNESCO y bajo la
dirección de expertos chinos y extranjeros, se está en camino
de emprender una nueva restauración sistemática de este Buda
de 1 200 años de antigüedad, mundialmente conocido.
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